Nota de Premsa

 

PRESENTACIÓN DE METIS, DE MIREIA MUR,

por

ESTHER ZARRALUKI

Al acabar la primera lectura del libro de Mireia Mur que hoy presentamos, Metis, recordé unas palabras de René Char: el poema es una ascensión furiosa.

Se escriben poemas costumbristas y poemas consoladores (aunque Rilke se preguntara ¿que otra cosa me sería más inútil, en definitiva, que una vida consolada?), pero hay quien concibe la poesía como un viaje arriesgado, experiencia que no nos deja indemnes, acto de conocimiento. Así es este libro: un exceso, pura y melodiosa hybris. Desde el silencio, desde la negación. Una ascensión furiosa, una lucha contra la renuncia, es decir contra el reposo. No es un camino fácil. “El que nace a la sabiduría no goza de ella (dice Giorgio Colli en La sabiduría griega), sino que queda enredado en una contienda llena de peligros” Todos sabemos lo que le espera al que intenta conocer el bien y el mal, al que intenta unir el cielo y la tierra, al que intenta rebelarse.

Ziggurat

Hola, esperit que reposes
en un replà del ziggurat de la meva ànima,
abraçada salvífica, prodigi d’equilibri
que fas possible l’ascensió
per les arestes verticals de la memòria,
paisatge medul·lar,
sol de migdia que clava el raig a l’àpex
i venç la llei irrevocable de les espècies,
espai sense centre,
silenci absolut que precedeix l’allau.
Hola, t’he dit. Em reconeixes?

Utilizar el mito para cuestionar el universo simbólico y manejarse en el presente es ya el primer acto de rebeldía. Camus imaginó un Sísifo despreocupado bajando la ladera, Kafka el silencio de las sirenas. Somos hijos de Caín y de Medusa y necesitamos explicarnos qué, de todo lo que los hombres fuimos capaces de crear, nos condiciona y de qué manera. ¿Es posible desprenderse y alzarse desde lo que somos e intentar decir lo que nuestra misma sustancia niega? ¿Es posible rebelarse contra lo que no es pensamiento, sino esencia, valores en apariencia ahistóricos? ¿Cómo revolverse contra lo que somos y no somos, si no es en ascensión furiosa? El mito congela las estructuras de poder, repensarlo significa repensar nuestra propia cultura, repensarnos a nosotros mismos. Si los mitos dan sentido al mundo, a los hechos y las cosas, solo podemos cuestionar ese sentido desde dentro, sintiéndonos espina entre nuestra herencia y lo que pudimos ser, desde el combate que se libra en el mismo universo simbólico. Aunque esa elección nos lleve de inmediato a un terreno pantanoso en el que nos hemos de dejar llevar por la intuición, por el impulso del deseo. “La veritat està en allò que no puc entendre” me escribió ayer Mireia en un e-mail.

Tras el mito de Metis está su propia transformación. Como es sabido, en el relato patriarcal Zeus –temeroso de perder su trono- devoró a Metis cuando estaba embarazada de Atenea. Al llegar el momento del parto, Zeus sufrió terribles dolores hasta que partió su cráneo y de él surgió la diosa, plenamente armada y dando un portentoso grito. En la Orestiada de Esquilo, clama Apolo:

Del hijo no es la madre engendradora,
Es nodriza tan solo de la siembra
Que en ella se sembró. Quien la fecunda
Ése es el engendrador. Ella, tan sólo
-cual puede tierra extraña para extraños-
Conserva el brote, a menos que los dioses
La ajen. Y daré mis argumentos:
Puede haber padre sin que exista madre,
Y muy cerca tenemos un testigo,
La propia hija de Zeus, rey del Olimpo.

El patriarcado echa sus raíces, como bien analizó Hélène Cixous, autora a la que se cita en el libro. Atenea será, además, quien ayudará a Perseo a decapitar a Medusa, destruyendo así la sabiduría y la energía femeninas, la fuerza que desde el pasado seguían generando las diosas. La cabeza de Medusa será un trofeo y Atenea el símbolo del nuevo papel de la mujer, en ese lugar que hará exclamar a Electra:

Mencionas el destino de mi padre,
Pero a mí me tenían recluida,
Sin dignidad, sin poder hacer nada.
Aislada en mi estancia,
Cual perro peligroso

Desde esta encrucijada surge la voz de los poemas de Mieria Mur, abriéndose a las grandes cuestiones: los límites de la individualidad y de la palabra poética, la posibilidad de unir lo fragmentario y de celebrar la dualidad, de recuperar las fuerzas naturales y arrancar el vuelo.

Dije al principio que no es un camino fácil. Somos animales hiperbólicos, recordaba Peter Sloderlijk: “Tú estás en ti y, a la vez, estás a tu lado, como testigo de ti.” El fracaso parece inevitable y hay en el libro, que hasta se arriesga a ponerse en la voz del OTRO, del negador, un final de desesperanza. No en vano la lira trae las barras de su jaula.

Àugur

Seré un peix que ha picat l’ham.
M’hauré mort per la boca.
Vomitaré l’anell cargolat de paraules
com una segona espina
massa humana en la boca muda d’un peix.
Aprendré a estar cega i immòbil
en la pau abissal
del meu tedi fosc, no tindré parpelles.
Ja no hi haurà cap tresor
a les meves entranyes:
ningú no em llegirà
ni llegiré ningú.

Pero aquí están los poemas.

No existe la libertad, pero sí existe el acto libre. El arte lo es. Y en su fracaso, de nuevo contradicto-riamente, está su triunfo.

Abramos esa grieta.

Este libro invita a la relectura, del libro y de la vida. El pez que niega su propio tesoro, que silencia su verdad, nos ha dejado estos poemas robados a los dioses. Los hombres los inventamos. El arte, el poema, combate la vida porque no tiene otro remedio si quiere ser realidad, si quiere ser vida. Y el poeta es ese imprudente que aún se arriesga a pensar, es decir, a repensar, a romper con su hacha los mares congelados. En estos poemas, el hielo palpita. Agradezco a Mireia Mur que los haya escrito




Esther Zarraluki durant la seva intervenció a l'acte de presentació del llibre..




















































































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